Seamos Vivos de Verdad

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Hace algún tiempo llegué a una estación de gasolina y le entregué las llaves a uno de los empleados de la estación pidiéndole ocho galones de gasolina y además que me indicara donde estaba el baño, cuando regresé, pagué, le di las gracias y continué, miré el medidor de gasolina e indicaba que hacía falta casi la mitad de lo que había comprado, como solía estabilizarse unos minutos después, no presté atención y continué a donde me dirigía, guarde el carro en un parqueadero y continué mi día; al retorno comprobé que definitivamente hacia falta gasolina, como no estuve ahí cuando la colocaron, el “vivo” colocó menos de la que yo había pagado, no reclamé y nunca volví a esa estación. Hace menos de un año llegó un avión de Avianca a New York procedente de Colombia en uno de los pasillos del aeropuerto había un dispensador electrónico de audífonos, de esos que por un dólar te permiten tomar uno, pero ese estaba dañado, era posible sacarlos sin colocar el dólar en la ranura, un norteamericano se dio cuenta y sacó uno, aunque la maquina se lo permitió, el depositó un dólar, luego un pasajero oriental hizo lo mismo, retiró unos audífonos y depositó el Dólar, el tercero en la fila era un niño Colombiano con su padre, al darse cuenta que la maquina no funcionaba guardó en su bolso todos los audífono que pudo, con la ayuda de su padre, muy “vivos” ellos. En Colombia existen los dichos de la desdicha, voy a mencionar solo dos de ellos: “el vivo vive del Bobo y el Bobo de Papa y Mama” y el otro: “décimo primer mandamiento No dar papaya y décimo segundo, papaya puesta papaya partida”; los dichos populares y la palabra expresan la cultura de un pueblo y ayudan a introducirla en el subconsciente colectivo, los llamo los dichos de la desdicha porque esas ideas son en gran medida las culpables de nuestro atraso económico y social. Como se relaciona el atraso personal y social con la “viveza”? Han observado que algunas gasolineras permanecen llenas todo el día, mientras que en otras casi no entra ningún vehículo?, estas últimas son atendidas por “vivos”, desafortunadamente con frecuencia tienen que cerrarlas y los vivos se quedan sin empleo. También han observado como requisan con mayor exhaustividad a los Colombianos al llegar a otros países? Está es otra de las consecuencias de la viveza. Permitámonos ahora realizar una comparación con el pueblo de Japón que recientemente acabó de padecer un terremoto y un Tzunami devastador, a las 3 horas del evento cuando vi las primeras imágenes recuerdo la que más me impactó, un ingeniero en una carretera destruida, realizando mediciones y fotografías para el reporte de daños y el inicio de la reconstrucción; si yo vi esa imagen 3 horas después es probable que algunos minutos después del sismo ya estuvieran realizando la reconstrucción; algunos días después vi también las filas de miles de personas esperando por una ración de comida y algo extraordinario habían mesas para cargar celulares, donde cientos de personas dejaban sus celulares y equipos portátiles, se iban y regresaban a las horas a recogerlo, y no se perdía ninguno; me imagino que pasaría con una de esas mesas aquí en la plaza de Bolivar. Por razones como esas el Japón es una de las cinco primeras economías de mundo y Colombia es Colombia. Un investigador Colombiano de esos que son vivos de verdad, Jhon Sudarski, realizó estudios sobre el capital social en Colombia y en ellos se evidencian varias cosas: las actitudes deshonestas vistas en nuestra cultura como viveza generan desconfianza generalizada y esta es un fuerte indicador de atraso, es así como en algunos países desarrollados como Holanda, Suiza o Canadá el índice de confianza es mayor al 70%, es calculado preguntándole a un grupo de ciudadanos (una muestra estadísticamente significativa) si confía en cualquier persona que se encuentra en la calle, en el metro o en centro de la ciudad (sitios comunes, no catalogados como peligrosos) y las personas confían en más del 70% de sus conciudadanos, personas que se encuentran de manera cotidiana en la calle; en Colombia el índice de confianza es menor al 13% y eso que ha aumentado en los últimos años. El progreso y la inversión dependen en gran medida de la confianza y de la honestidad de los pueblos, eso es menester para insertarse con éxito en la economía global. El camino real hacia el desarrollo pasa por un cambio cultural profundo donde la deshonestidad no sea catalogada de “viveza” sino de Bobeza y se reconozca que entorpece el buen funcionamiento social y el desarrollo de todos, no más Vivos-Bobos, necesitamos Vivos de verdad!

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